The Ofi Press Magazine

International Poetry and Fiction from Mexico City

Syl Cheney- Coker (Sierra Leone)

      

        

 

Our Small World 

        Inside the day’s bivouac, the grand collage of people more colourful than a rainbow; the fresh smell of tie-dyes, floral batiks: those sensations of tropical islands merging with the parka of the polar; and the breath of forest groves- seductive, potent and mischievous, like the aromas of ancient narratives- that is wonderful.

             Exotic and erotic spices on the palette; boastful

        youths responding to the testosterone; inveterate and loud worshippers of material gods; the colognes  and jewelry dripping from the necks of endowed but lonely lovers; agape and buxomly dowagers; the lost ideals of the philosophy students turned politicians: ideals that more than torment the senses: those visual and olfactory arousals of my being.

        The old men too lonely to sleep thinking of young  women; and the cougar women, their décolletage temptingly low, looking for cub lovers, this day of our Lord, so that one last tinkling of the flesh can be answered:

              They have all assembled in that bivouac, to reflect on their private journeys: life’s inadequate bridges; the syrupy glass turned to stale sorghum of happiness.

         They wish their daily grind gone, the mad clocks stopped; their pets less mystified about human loneliness: the empty hours howling from the roof tops of spaced-out jobs exiled, and their bulimic and anorectic wardrobes burned, as they yearn for a tactile, human hand; but the fear of the other, the pre-judged, gratuitous, instantaneous answers have turned them robotic!  

         It was in their spirit to escape their bondage, be versatile, confident, the perspective on horizons to be conquered bold; as man, no less a god for trying, inclines towards nobility: a word neither impossible nor a gift to us.

         The molecule in our eyes- bright, reflective-

        is a measure to see the grandness of others,

        marvel at their beauty and recognise our similar needs, without the lighting of fires, building ramparts; as time, whether of the vortex or lunar, awaits us all, when we come back to that bivouac after our journeys, to write the quiet anthology about needing one another, of leaning on a common thread.

         O Humanity! In our small world, let the kora

        embrace the flute, the ukulele the koto, the violin the sitar, as the grass grows soft with our common joy, our  sweet dew!

Nuestro mundo pequeñito

Syl Cheney-Coker

 

Dentro del vivaque de este día, un collage de gente con más color que un arcoíris; el aroma fresco de camisas teñidas, batikes florales: aquellas sensaciones de islas tropicales que confluyen con la chamarra de lo polar; y el respiro de las arboledas—seductivo, potente y engañoso, como los aromas de las narrativas antiguas—sencillamente extraordinario.

            Especias eróticas, exóticas sobre la paleta; juventudes

            fanfarronas que responden a su testosterona; alabadores, empedernidos cuanto gritones, de dioses materiales; por los cuellos de amantes, dotados pero solitarios, escurren perfume y joyería; aristócratas viudas, boquiabiertas y  pechugonas; los ideales perdidos de los estudiantes de filosofía venidos a políticos: ideales que atormentan los sentidos: visuales y aromáticas incitaciones de mi existencia.

            Los ancianos solitarios que duermen pensando en jovencitas; y solteronas,  sus escotes seductivamente pronunciados, en busca de retoños para tomar por amantes, en este día del Señor, para que una última cosquillita carnal sea satisfecha:

            Todos quedan ordenados en aquel vivaque, para reflexionar sobre sus muy privados viajes: los puentes inadecuados de la vida; el cristal almibarado que transmuta en un añejo sorgo de felicidad.

            Desean que su inexistencia diaria desaparezca, que la locura del reloj se detenga; sus mascotas desmitificaron la soledad humana: las horas vacías aúllan desde los techos de trabajos alucinantes, y sus guardarropas bulímicos y anoréxicos arden, mientras desean una mano humana, con tacto; pero se temen, respuestas prejuzgadas, fortuitas e instantáneas las han vuelto robóticas.

            Tenían el ímpetu de escapar a su cautiverio, ser versátiles, seguros, la perspectiva en el horizonte de una conquista audaz; como hombre, nada menos que un dios por intentar, se inclina hacia su propia nobleza: una palabra que no es imposible, pero tampoco un regalo para nosotros.

            La molécula de nuestros ojos—brillante, reflexiva—

            es la medida de la grandeza ajena,

            asombrarse frente a su belleza y reconocer necesidades similares, sin el alumbrado de los incendios, construyendo terraplenes; como el tiempo, ya sea el del vórtice o el lunar, nos espera, cuando regresemos al vivaque tras nuestras odiseas, para escribir una antología silenciosa sobre necesitarnos, uno al otro y al otro, sobre cómo pendemos del mismo hilito.

            ¡Ah, Humanidad! En este mundo pequeñito, deja que kora y

flauta se abracen, el koto, el ukelele, el violín y la cítara también, mientras el pasto crece suave con nuestra alegría compartida, ¡dulce rocío nuestro!

 

Traducción de Raúl Bravo Aduna

 

Raúl Bravo Aduna es ensayista, poeta y traductor. Actualmente es profesor de lenguas en la Universidad Panamericana y editor literario de la revista Cuadrivio. Su web personal es www.rbaduna.com.   

 

Image: Fishing Boats (1931)

           Irma Stern